Sorprende que en esta sociedad de la información en la que vivimos la gente esté totalmente desinformada y despreocupada a pesar de los hechos que continuamente manifiestan cómo será nuestro futuro a no ser que cambiemos… y pronto.
Hablar de lo que está ocurriendo en los mares es hablar de lo que está ocurriendo en todo el planeta ya que en la naturaleza todo está interconectado y los fenómenos nunca son aislados. Hablar de las tormentas marinas sin precedentes que ocurren recientemente es hablar también de las sequías brutales y en definitiva de enormes desajustes en los sistemas del clima que desconocemos. Nos vemos obligados a hablar de la desertización de los mares, tanto como de la desertización de enormes regiones en China como consecuencia de la sobre explotación de los recursos naturales.
Sólo ahora estamos empezando a entender las sutiles relaciones que hacen funcionar a nuestro ecosistema. Los animales que desaparecen tienen un papel fundamental en el equilibrio de cualquier ecosistema y por tanto no sólo se trata del daño intelectual que supone su pérdida. La pérdida de la masa forestal es mucho más grave de lo que la televisión nos pretende hacer creer. Los bosques crean oxigeno pero más importante es su capacidad de retención de agua. Sin ellos tendremos inundaciones y sequías seguidas por desertizaciones.
En el valle de Yang-Tsé en China la tala brutal ha hecho desaparecer el 85% de todos los árboles y ha dado como consecuencia las mayores inundaciones de la historia conocida. La inundación de 1998 no tiene precedentes. Desde entonces el gobierno Chino ha echado números y promulga que un árbol vivo produce en unos años 3 veces su valor talado, pues evita los costes económicos de las catástrofes, regenera y enriquece el suelo y mejora la polución de la atmósfera. Pero por ahora, al ritmo neto actual de deforestación, pasaremos de 0,56 hectáreas por habitante a 0,38 hectáreas dentro de unos 40 años
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